Hay webs que no espantan a los clientes con gritos.
No hacen nada “mal” de forma estrepitosa.
Simplemente… dan una excusa perfecta para irse.
Y lo peor es que tú sigues pensando:
“Bueno, al menos el tráfico llega”.
Sí. Llega.
Y se va por la misma puerta, silbando.
Enlaces a redes sociales nada más entrar (la puerta de emergencia abierta)
Has invertido tiempo, dinero o paciencia infinita en llevar gente a tu web.
Y lo primero que haces es decirle:
👉 “Oye, si quieres, vete a Instagram.”
Es como si alguien entra por la puerta de tu negocio, y antes de decir nada, le dices que la tienda de tu vecino es mucho más interesante.
Las redes sociales no convierten, no fidelizan clientes, y lo peor de todo: cuando un cliente hace click en un botón de esos, se va para no volver.
- Instagram distrae
- TikTok secuestra la atención
- LinkedIn convierte a tu visitante en espectador
Y tú querías que comprara, contactara o leyera, no que se pusiera a cotillear stories.
👉 Regla sencilla:
Si alguien entra en tu web, que no tenga escapatoria hasta haber entendido qué haces y por qué debería importarle.
Webs que cargan tan despacio que te da tiempo a replantearte la vida
No hablamos de “un pelín lenta”.
Hablamos de webs que:
- cargan a trompicones
- muestran textos antes que imágenes
- se quedan pensando como si estuvieran resolviendo un dilema existencial
La paciencia digital es un mito.
Si tu web tarda, el usuario no piensa “qué interesante, voy a esperar”.
Piensa “bah” y se va.
Y no, no es culpa del usuario.
Es culpa de una web mal optimizada, pesada o hecha sin pensar en el uso real.
Un menú que parece un laberinto diseñado por alguien con DEMASIADO tiempo libre
“Inicio · Servicios · Soluciones · Qué hacemos · Cómo trabajamos · Nosotros · Nuestro método”
¿Todo eso es distinto?
¿O lo mismo con nombres diferentes?
Cuando alguien entra en tu web no quiere pensar.
Quiere orientarse en tres segundos.
Si tiene que:
- leer demasiado
- hacer clic “a ver qué pasa”
- volver atrás varias veces
👉 se va.
No porque no le intereses, sino porque le estás pidiendo un esfuerzo que no piensa hacer.
Mil llamadas a la acción compitiendo entre sí (el caos absoluto)
Suscríbete.
Escríbeme por WhatsApp.
Reserva una sesión.
Descarga esto.
Sígueme aquí.
Contáctame allá.
Agenda una llamada.
Rellena el formulario.
Todo a la vez.
En la misma pantalla.
Sin jerarquía.
El resultado no es “más opciones = más oportunidades”.
Es parálisis.
Cuando obligas al usuario a elegir entre veinte caminos, suele elegir el más sencillo:
❌ cerrar la pestaña.
Una web que convierte guía, no abruma.
Información clave escondida como si fuera un secreto de estado
Qué haces.
Para quién es.
Cómo se trabaja contigo.
Qué pasa después.
Si todo eso está:
- repartido en cinco páginas
- escondido al final
- o redactado de forma vaga
El usuario no piensa “qué misterio tan interesante”.
Piensa “paso”.
No porque no le interese.
Sino porque no tiene tiempo para descifrarte.
La buena noticia
Y eso, por suerte, sí tiene arreglo y en la mayoría de los casos, no suele requerir grandes cambios, solo pequeños ajustes para que todo funcione como tiene que ser.
Tienes un formulario justo debajo. Escríbeme y vemos.
No siempre puedo ayudar, pero…
¿y si esta vez sí?
